Triunfé con mi Prima 
Como todos los años, acudía al pueblo para nuestra reunión familiar de navidad desde la universidad. Mis padres llegarían un par de días más tarde pero me habían pedido que yo lo hiciera antes para recibir a mi prima María. A decir verdad, no me apetecía nada. Por lo que yo recordaba, mi prima era una niñata pija y cursi a la que, por suerte, no había tenido que aguantar desde que, hacía dos años habían mandado interna a un colegio carísimo. Si no recordaba mal, debía haber cumplido los 18 hace poco y tal vez hubiera madurado un poco.
Nada más llegar a la estación vi el tren y a una joven de uniforme que se bajaba y me saludaba sonriendo. No me podía creer que esa chica de piernas larguísimas y falda muy corta que estaba tan buena fuese mi prima. En fin, quizás debiera darle una oportunidad pues parecía haber cambiado mucho.
Me decidí por llevarla al lago, era el lugar más bonito del pueblo y no solía haber nadie por allí, a mi me encantaba y seguro, a María también.
En el lago María juguetona me pidió que jugáramos a la gallinita ciega, como en los viejos tiempos y, sin dejarme ni un momento para contestar, se quitó la corbata del uniforme y me la ató sobre los ojos. Yo la oía reír a mi alrededor, “¿qué me darás si te atrapo?” le pregunté. “Te enseñaré todo lo que he aprendido en la escuela” susurró al oído y después me mordió suavemente el lóbulo de la oreja. Al poco logré cogerla de un brazo y ella en lugar de huir, cogió mi mano y la guió entre sus piernas, presionándola contra su sexo. Sentí su boca junto a la mía, acariciando mis labios y abriéndolos con su lengua. Nos comimos la boca largo rato, mientras nos tocábamos mutuamente, sin decir nada. Yo podía sentir como temblaba, excitada cuando le acariciaba el clítoris, primero lentamente, luego mas rápido. Después ella se llevó mis dedos a la boca y los relamió hambrienta, para meterlos en la mía. Yo continuaba con los ojos vendados, y mi prima tenía el control de la situación. “Desnúdame ” casi ordenó a continuación. Yo empecé a desabrochar los botones con una mano mientras que con la otra le acariciaba los pechos que, botón a botón iban quedando libres puesto que no usaba sujetador. Sus pezones eran duros y pequeños y sabían a fruta y sudor, y sobre todo a sexo. Por fin logré quitarle la camisa y ya no pude esperar más. Le arranqué las braguitas y la monté allí mismo, tumbados sobre la hierba, ella con la falda remangada y yo sin tan ni siquiera haberme desnudado. Ella estaba encantada con la fuerza con la que la penetraba una y otra vez, pues por primera vez la follaba un hombre, no uno de sus compañeros.
Finalmente me corrí en su interior, mojando su ya muy húmedo coño y le dije “Si vuelves a necesitar una niñera, llamame”.
Autor: Webmaster TiasInfieles.es (31/10/2009)