Atrapado en el Ascensor 
Aprobechando el descando para desayunar en mi trabajo, me detuve en unas oficinas cercanas en las que se ofrecía un empleo que me interesaba. Estaba hasta las narices de mi jefe y no tenía la intención de dejar pasar esta oportunidad. El edificio parecía estar abarrotado de gente y llegaba un poco tarde, así que a toda prisa alcance a coger el ascensor que estaba cerrando sus puertas.
Yo iba a la novena planta, y conforme subía el ascensor, veía bajar a un repartidor de pizza, una secretaria aburrida y varios ejecutivos hablando por el móvil. Antes de cerrarse las puertas en la quinta planta, únicamente permanecíamos en el ascensor dos personas, una joven pelirroja y yo.
De repente un inesperado apagón dejo inmobilizado el ascensor y las luces de emergencia se encendieron mientras la chica, algo asustada, perdía los nervios. Al cabo de 15 minutos, y puesto que ella continuaba intranquila, me dispuse a tratar de tranquilizarla hablando suavemente. Su pecho palpitaba apresuradamente y las gotas de sudor le resbalaban por el cuello trazando un sensual camino hasta sus senos. El calor en el ascensor iba subiendo cada vez más. Para intentar calmarla, acerqué su cabeza a mi pecho, un práctica muy habitual para lograr calmar a alguien mediante la escucha de los latidos del corazón.
Ella, poco a poco comienzó a dejarse llevar por la situación. Cada vez aproximaba más su cuerpo al mío, así que pude sentir su dulce olor a perfume entremezclado con sudor. En ese momento una voz desde fuera rompió el clíma creado anunciando que el apagón era general y que tardarían más de una hora en poder solucionarlo, indicandonos que era muy importante que estubiéramos tranquilos hasta que pudieramos salir.
Nos miramos a la vez y ella, con mirada pícara e insinuante, desprovista del miedo inicial, me sonrió acercando de nuevo su cabeza a mi cuerpo. En esta ocasión, deslizo sus dedos por mi espalda mientras se apretaba lentamente contra mi. Al poco, y casi sin darme cuenta, mis manos se me iban abrazandola y acariciando su cuerpo sutilmente. Inevitablemente, mis manos agarraron su culo prieto y turgente que tan bien quedaba marcado en sus vaqueros. Ella aproximo sus labios al cuello, y mientras lo recorría con su lengua, ambos comenzamos a desnudarnos mutuamente.
Ella llevaba una camisa blanca ceñida que dejaba entrever unos pechos perfectamente formados, aunque no demasiado grandes. Su ropa interior, era de encaje morado, de las más eróticas que me he encontrado. Estaba claro que ella sabía lo que deseaba y como conseguirlo. Sus manos me terminaron de desnudar rápidamente y su boca busco mi sexo con ansiedad. Sus labios, rojos y carnosos, hacían las delicias y parecian querer comerme entero. Mi excitación crecía a cada instante mientras los movimientos de su boca erán más rápidos y precisos. Podía sentir su cálido aliento sobre mi polla, relamiendola más y más rápido hasta lograr proporcionarme un placer que jamas había sentido cuando, por primera vez en mi vida, me corría en la boca de una persona de la que ni siquiera sabía el nombre.
Nada más acabar en su boca, las luces de emergencia se apagaron y el ascensor volvió a ponerse en marcha, teniendo que vestirnos apresuradamente sin llegar si quiera a mediar palabra para intercambiar los teléfonos.
Ese día, perdí mi puesto de trabajo y no pude presentarme a la entrevista, sin embargo, sin duda mereció la pena.
Autor: Webmaster TiasInfieles.es (25/09/2009)